Covid 19: El impacto de la INCOMUNICACIÓN en la salud de las personas mayores chilenas.

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Cuando termine la pandemia por Covid-19 dimensionaremos los efectos de la INCOMUNICACIÓN sobre la autonomía y la salud mental de las personas mayores.

Por Miguel Ángel Carrasco García

Médico cirujano y Periodista

La incomunicación se presenta cuando no se transmite con efectividad un mensaje de un emisor a un receptor, no existe interacción interpersonal o la conducta de una persona no afecta o lo hace negativamente a otra.


Mientras en nuestro país, la discusión política, económica y mediática gira en torno a los costos macroecómicos, los errores y aciertos del Gobierno actual en el manejo de la pandemia; poco o nada se escucha respecto a los efectos biopsicosociales que podrían llegar a experimentar más de 3 millones de personas mayores, perjuicios que han quedado relegados a un segundo y tercer plano; sea esto por edadismo o por falta de previsión sanitaria, los efectos a nivel social y sanitario serán significativos.


El 19 de marzo en la revista de salud pública The Lancet, Richard Armitage y Laura Nellumns, del Departamento de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Nottingham, expusieron de manera crítica las consecuencias de aislar socialmente a las personas mayores, principalmente aquellas con más de 70 años, con la finalidad de evitar la sobrecarga asistencial. Esta INCOMUNICACIÓN INTERPERSONAL empeorará sus patologías cardiovasculares, aumentará el riesgo de depresión y ansiedad, e incluso los problemas nutricionales debido a que algunas las personas mayores no recibieron alimentos en las cantidades necesarias a raíz del alza de precios sin control y la misma condición de aislamiento.


Otro ejemplo es la INCOMUNICACIÓN detectada en los medios de prensa y las redes sociales. En un estudio de la Universidad de Oxford, publicado el 5 de septiembre de 2020 en la revista Age and Ageing, liderado por Sarah Fraser y Martine Lagacé, las personas mayores son representadas como vulnerables e indefensas contra la COVID-19 y las altas tasas de mortalidad entre los adultos mayores se consideran un resultado «inevitable» y «normal» de esta pandemia. Por otra parte, los adultos jóvenes sanos pueden percibirse a sí mismos como invulnerables a la COVID-19, lo que explica por qué algunos de ellos no sigan los consejos y las políticas de salud pública diseñadas para prevenir los contagios. La forma en que los adultos mayores y jóvenes perciben su susceptibilidad a la COVID-19 influye en sus comportamientos de salud y tiene consecuencias.


La periodista e investigadora chilena Stephany Bravo-Segal lleva años investigando el edadismo en el discurso de los medios de comunicación, fenómeno que considera maltrato discursivo, por la forma de retratar a las personas mayores y cómo este discurso hegemónico, principalmente negativo y de declive, nos ha hecho ser más edadistas y tener miedo a envejecer. En la Revista de Geriatría y Gerontología de España publicó un artículo junto al psicogerontólogo Feliciano Villar donde estudiaron la representación de los mayores en los medios durante la primera ola de la COVID-19. Los investigadores observaron que el 71,4% de los titulares los representaban de manera desfavorable, presentándolos como un grupo homogéneo y asociándolos a fallecimientos, deficiencias en la atención residencial o vulnerabilidad extrema, reforzando una narrativa edadista de las personas mayores, basada en la fragilidad y el declive sin casi dar paso a informaciones que reflejen la gran diversidad de personas mayores que hay en nuestra sociedad.


Esta INCOMUNICACION potencia el estigma social asociado a la Covid-19 que pesa sobre las personas mayores, evitando que busquen atención médica de inmediato, lo que las hace aun más vulnerables. ¿Sabremos alguna vez cuántas muertes de este grupo etario pudieron evitarse si hubieran buscado ayuda sanitaria antes?.


Federica Previtali, Laura Allen y María Varlamova, en mayo del 2020, en la Revista de Envejecimiento y Políticas Sociales, plantean que durante la pandemia de COVID-19 existió una exacerbación de la discriminación por edad al usarla para crear políticas públicas para controlar la propagación del virus, generando que se refuercen los estereotipos negativos intrapersonales e interpersonales de la edad y se violen los derechos de las personas mayores a la autonomía, el tratamiento adecuado, el trabajo y la igualdad.

¿Bienvenido 2021?

En estos momentos es importante que el Estado impulse estrategias destinadas a promover el envejecimiento saludable y entregue los recursos necesarios para que los profesionales de la salud luchen contra la Incomunicación y las consecuencias de este aislamiento físico/social.


Durante el 2020 a raíz del Covid-19… ¿Cuánto aumentaron las fracturas secundarias a caídas en las personas mayores?, ¿Cuánto progresó la retinopatía diabética, la insuficiencia cardiaca o renal en los enfermos crónicos de más de 60 años?, ¿Cuántas muertes se habrían evitado si las personas mayores no hubieran estado aterradas ante la posibilidad de contagiarse del virus en los Servicios de Urgencia?


Esta Incomunicación que intentamos graficar en los pàrrafos anteriores no es exclusiva de Chile. En Europa y Norteamérica, estos dilemas han sido descritos e incluso denunciados por importantes agrupaciones académicas y sanitarias. Lo que sí llama la atención es la ausencia de anuncios estatales en torno a las medidas que se tomarán el 2021 para mitigar los efectos de la pandemia en una población que verá afectada su funcionalidad y sus recursos cognitivos por una sobreprotección exacerbada. ¿El Gobierno inyectará más recursos a la APS? ¿Se financiarán iniciativas gerontológicas que busquen innovar y aportar en la resolución del problema?.


Por el momento, cobra relevancia la conclusión del estudio de Stephany Bravo-Segal y Feliciano Villar donde recomiendan a los medios “contar con un tratamiento informativo más complejo y matizado del impacto de la COVID-19 en los mayores, que no caiga ni en catastrofismos atemorizadores ni en actitudes paternalistas sobreprotectoras” con el propósito de estructurar un proceso de toma de decisiones más sosegado y equilibrado respecto a los múltiples desafíos, presentes y futuros, que plantea la pandemia, y el Chile post-pandemia.

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