La Industria Salmonera es la causante de todos los males que hoy se pretenden hacer pasar por desastre natural

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Por Víctor Belmar, consultor ambiental paillaquino.

A primera vista lo que ocurre con el movimiento de los pescadores artesanales, que no pueden salir a la pesca y llevar sustento a sus hogares, despierta solidaridad e indignación, especialmente cuando sabemos que un ministro que gana 10 millones al mes, habla de que no son un gobierno de billetera fácil.

Muchos piensan que esto de la marea roja, que técnicamente es una excesiva proliferación de microalgas (específicamente dinoflagelados) en los estuarios o el mar, causada por diferentes tipos de algas con elevadas concentraciones de toxinas; es un mero desastre natural, un desequilibrio ambiental o sólo se da por casualidad.

Personalmente refuto totalmente esa tesis; me ha correspondido trabajar como consultor ambiental desde el año 2000, primero atendiendo a la industria mitilicultora (choritos), luego fui invitado a trabajar en CONAMA, la Comisión Nacional de Medio Ambiente, actual Servicio de Evaluación Ambiental y luego volví al ámbito privado desarrollando proyectos de saneamiento ambiental para la Industria Salmonera, instancia en la cual pude conocer la esencia depredadora de esta industria, la que a mi juicio es la causante de todos los males que hoy se pretenden hacer pasar por desastre natural.

Los Salmoneros, los últimos 25 años saturaron nuestras aguas de residuos, léase: restos de alimento de salmón no consumido, fecas de salmones, mortalidad de cada año, antibióticos, antifouling, restos de redes pajareras plásticas y suma y sigue con una serie de residuos que se vertieron de manera habitual en la práctica del cultivo de salmónidos desde los primeros años de esta industria. La normativa ambiental con la ley 19.300 del año 94 y el Primer Reglamento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental del año 97, llegó tarde e incompleta, tal como ocurrió con la normativa sectorial aplicable. Un caso patético es como la norma de distancias entre centros de cultivo señalaba que cada centro debía estar a 1.5 millas náuticas entre sí (2778 metros), pero astutamente agregaba: “a menos que haya un accidente geográfico entre éstos”, de lo cual esta industria se colgó para instalar centros de cultivo a menos de 500 metros a cada lado de una puntilla, colapsando la columna de agua y trayéndoles a futuro su propia recompensa con el virus ISA el 2008, lo cual generó miles de despidos en el sector y enorme salvavidas financiero por parte del estado. Estos señores son los depredadores más feroces del mar y controlan los gobiernos a su antojo. Hoy son los únicos responsables de la mal llamada marea roja y la debacle ambiental, pese a que ya están encargando estudios a ciertas universidades, para demostrar su inocencia.

Nuestro medio ambiente como ente vivo responde como tal según la manera en que nosotros le tratamos, por lo tanto, el mar apenas si ha respondido conforme a la invasivo que la industria salmonera se ha comportado y ha abusado de él. El virus ISA claramente es una respuesta del medio a las altas densidades de cultivo, la marea roja perfectamente puede ser respuesta indirecta de los copiosos vertidos de mortalidad de los últimos meses.

La pesca artesanal con justa razón reclama que por sobre la injusticia que le significa someterse a una Ley de pesca tipo embudo, basada en la capacidad de esfuerzo pesquero; ahora se le suma la restricción a la extracción de recursos por una marea roja evitable. Los gobiernos de los últimos años han sido lacayos de la gran industria pesquera y salmonera, en desmedro de la pesca artesanal y la industria mitilicultora o de los choritos. Es tiempo de replantear nuestras estrategias de desarrollo, hacia emprendimientos limpios y amigables con el medio ambiente, antes que siga calentándose el planeta y la sociedad explose en un caos sin regreso.

Fotografía extraida de www.infogate.cl

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