Javier Callis Sánchez

ORGANIZACIÓN Y COMPROMISO CIUDADANO POR UNA VERDAERA REFORMA A LA INSTITUCIONALIDAD MEDIOAMBIENTAL.

Los conflictos sociales originados en los últimos años han puesto sobre el tapete las deficiencias estructurales de la institucionalidad medioambiental. La vertiginosa reducción del bosque nativo, el progresivo déficit de agua, las líneas de alta transmisión eléctrica, los megaproyectos hidroeléctricos y termoeléctricos, nos hacen pensar que es necesario no solo una nueva institucionalidad que realmente proteja al medio ambiente, si no que un nuevo modelo de desarrollo ambiental que privilegie la sustentabilidad por sobre las ambiciones de algunos grupos económicos nacionales y transnacionales. A pesar de la creación del ministerio de Medio Ambiente y de los escasos esfuerzos de este gobierno, se siguen agudizando los conflictos a lo largo de todo el país. Nuestra región no es la excepción, ya vimos la muerte de los cisnes por la contaminación del rio Cruces por culpa de la planta de celulosa Valdivia hace algunos años atrás, el ducto CELCO – Mehuin que pretendía hacer sus descargas de desechos en la bahía pesquera, la central hidroeléctrica en el rio San Pedro entre Panguipulli y Los Lagos, la central hidroeléctrica en Neltume y la línea de alta transmisión Neltume – Pullinque, esto además de todos los proyectos forestales que pasan desapercibidos para la institucionalidad ambiental, con miles y miles de hectáreas de monocultivo de pino y eucaliptus que hacen desaparecer sin piedad ríos y lagos, afectando directamente la agricultura y la vida cotidiana de la comunidades aledañas. Ahora, una nueva línea de alta transmisión eléctrica cruzará de norte a sur nuestra región. 137 hectáreas de bosque nativo será taladas, un sinfín de especien endémicas serán afectadas, además de un alto impacto en el hermosos paisaje de nuestra región.

¿Qué podemos hacer, si ya están los terrenos comprados, las etapas de participación ciudadana en curso y el beneplácito de la institucionalidad ambiental? Debemos ante todo, ser consientes del impacto de estos megaproyectos, organizarnos y ejercer presión ciudadana. Probablemente, este nuevo proyecto se termine ejecutando de todas formas, pero la indiferencia y la apatía solo generaran nuevos y más grandes problemas. Una comunidad organizada debe tener la capacidad de anticipar estos problemas y presionar a las autoridades correspondientes. Es de esperar que el nuevo gobierno de la Nueva Mayoría logre interpretar los sueños de la calle y que Michelle Bachelet no reproduzca los vicios de 20 años de concertación. Es nuestro deber ejercer la presión correspondiente, en todos los niveles políticos, para que de una vez por todas se reforme la institucionalidad medioambiental en nuestro país y sea coherente con los anhelos de las grandes mayorías de chilenos y chilenas.