El supercerebro de Chile: Leftraru, uno de los computadores más poderosos de Latinoamérica.

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Leftraru, el supercomputador más poderoso del país, tiene la potencia de 25 mil ordenadores personales. Desde 2014 trabaja al servicio de los científicos, el Estado y la industria, y con él se ha logrado, entre muchas otras cosas, ampliar nuestro conocimiento sobre la muerte de las estrellas, caracterizar las enfermedades de los chilenos y prevenir plagas en las cosechas.

Cientos de luces pequeñas, verdes y amarillas, titilan sobre la superficie oscura del supercomputador más potente de Chile. Leftraru, bautizado así en honor al verdadero nombre del líder mapuche Lautaro, está formado por dos torres negras, idénticas entre sí, que están ubicadas en el laboratorio del Centro Basal de Modelamiento Matemático (CMM)de la Universidad de Chile. Ginés Guerrero —español, 35 años, especialista en computación de alto rendimiento— abre la puerta transparente de uno de sus dos módulos. Señala dos columnas de 64 computadores, cientos de cables cortos, anaranjados y negros.

—Un supercomputador son distintas máquinas que suman esfuerzos para realizar una tarea de manera conjunta —dice casi gritando, sobre el rugido de los ventiladores de Leftraru—. Es capaz de realizar muchas operaciones por segundo y de manera paralela.

Su capacidad de procesamiento es de 50 teraflops —lo que equivale a unos 25 mil computadores personales trabajando a la vez—, y esta mañana de julio, como desde ya hace un año, está funcionando a su máxima potencia. Esta máquina extraordinaria, el gran cerebro de Chile, actualmente procesa datos para 24 instituciones públicas y privadas. Desde entonces, ha dado muchas respuestas: ayudó, por ejemplo, a descubrir un destello que producen ciertas estrellas al morir, a prevenir la marea y el oleaje en los puertos, y a armar un mapa genético de los chilenos.

Guerrero, director del Laboratorio Nacional de Computación de Alto Rendimiento, dice que mientras un smartphone o un notebook suelen tener 4 u 8 núcleos de procesamiento, Leftraru tiene 2640. Luego explica cómo funciona la máquina: dice que es como cuerpo. Que tiene un corazón —un área que centraliza las comunicaciones—, un cerebro —que asigna los recursos— y dos grandes músculos: torres capaces de procesar 50 billones de operaciones por segundo. Nada de eso sería posible, dice, si las máquinas no estuvieran bien refrigeradas. El calor que produce Leftraru es tal, que si no contara con dos unidades de enfriamiento de su mismo tamaño dejaría de funcionar.

“Debido a su alto costo, el supercomputador no es un negocio sino una inversión. El objetivo es que tu ciencia avance más rápido: si tu Estado es más rápido, tiene una ventaja con respecto a los demás”, dice Ginés Guerrero, experto en computación del alto rendimiento.

—Muchos supercomputadores del mundo se destinan a una única área, por ejemplo, a resolver problemas de física —dice Guerrero, ya en el silencio de su luminosa oficina—. Los evaluadores internacionales nos recomendaron eso: que nos centráramos en algún área estratégica para Chile, pero preferimos dejar el abanico abierto para que todos puedan utilizarlo. Aquí no ocurre como en otros países, que hay 20 o 40 supercomputadores. Tenemos uno de los más potentes de Latinoamérica, y se presta a toda la comunidad científica.

Ginés Guerrero, especialista en supercomputadores del CMM.

El funcionamiento de Leftraru es remoto y gratuito, y los proyectos en los que trabaja son muy variados. La Universidad de Chile lo utilizó para desarrollar un software que optimiza la ubicación de nuevas escuelas, colegios y liceos según las características sociales, económicas y demográficas de cada comuna. El proyecto 1000 Genomas —que reúne a cinco centros de excelencia científica— lo utiliza para caracterizar a las principales enfermedades de los chilenos. La empresa Antofagasta Minerals, para programar los ferrocarriles que recorren sus faenas. ALMA, para procesar los innumerables datos que arroja el cosmos. También lo usan varios ministerios: Agricultura, para prevenir plagas en las cosechas; Bienes Nacionales, para anticiparse a inundaciones o desborde de ríos; Obras Públicas, para monitorear estructuras como puentes, carreteras y obras hidráulicas.

—Si esta máquina no existiera, muchas investigaciones importantes se retrasarían —dice Eugenio Guerra, gerente de Tecnología del Laboratorio de Supercomputación del CMM—. No existe otra infraestructura que le permita a los científicos chilenos generar estas simulaciones y obtenerlas en buen tiempo. El procesamiento de imágenes de ALMA, por ejemplo, sería casi imposible.

Uno de los principales desafíos que tiene un supercerebro de este tipo, explica Guerra, es la enorme cantidad de energía que consume, y da un ejemplo de los problemas que eso puede conllevar: en 2015 el gobierno de Brasil compró el supercomputador más potente de América Latina, y más de 70 proyectos se asignaron para trabajar en él. Poco tiempo después, tuvieron que reducir al mínimo su funcionamiento, porque el costo energético de la máquina era demasiado alto: casi 150 mil dólares mensuales. Leftraru, por su parte, consume una cuenta de luz de unos 10 millones de los pesos.

“Si esta máquina no existiera, muchas investigaciones importantes se retrasarían. No existe otra infraestructura que le permita a los científicos chilenos generar estas simulaciones y obtenerlas en buen tiempo”, dice Eugenio Guerra, gerente de Tecnología.

—Debido a su alto costo, el supercomputador no es un negocio sino una inversión, y si los países invierten en ellos es por algo —dice Ginés Guerrero—. Existe una lista de los 500 supercomputadores mas potentes del mundo y uno podría decir que las naciones quieren tener el mejor de todos, por la publicidad que les da. Pero el objetivo principal es que su ciencia avance más rápido: si tu Estado es más rápido, tiene una ventaja competitiva con respecto a los demás.

Chile, por lo pronto, continúa en ese camino: antes del fin de este año, el CMM presentará a Guacolda —en honor a la mítica pareja de Lautaro—, una máquina 4.7 veces más potente que Leftraru. En el mundo se sigue disputando una carrera, liderada por Estados Unidos, China y Japón, por desarrollar los supercomputadores más poderosos. El objetivo: responder lo que nadie aún ha podido. Guerrero dice que es imposible prever hasta dónde llegará la potencia de estas máquinas. Pero sí sabe algo: que en los próximos años serán capaces de resolver desafíos que aún no imaginamos.

Texto: Rafaela Lahore

Fuente:explora.cl

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