Desastre en el norte: Los factores invisibles

La voz de Chile
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Un dañino sistema frontal ha afectado al norte grande y chico de nuestro país, causando distintos grados de perjuicio material y emocional a una gran cantidad de individuos y familias afectadas y damnificadas. Movilizando a actores de gobierno y medios de comunicación de diferente naturaleza a cubrir la contingencia que a cada momento nos arroja cuantiosas informaciones, opiniones e imágenes de una angustia generalizada.

Los escenarios de desastres, de origen ambiental, antrópico y natural cuentan con tres fases claramente definidas, Riesgo (previo), Impacto y Desastre (ex – post). Si bien es cierto, la reducción absoluta de los efectos de un impacto es imposible, si es factible planificar una serie de medidas, basadas en experiencias previas, o lo que también se conoce como memoria histórica en el Ciclo del Desastre. El fin de las gestiones ex – ante, son disminuir los daños económicos, culturales y sociales de un territorio y sus ciudadanos. Pero, ¿Quiénes son los encargados de realizar estas acciones previas a una amenaza?

La Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio Del Interior (ONEMI), en 2002 confeccionó un plan de emergencias que se actualiza anualmente y que incentiva la detección de amenazas y vulnerabilidades de distinta índole a las comunidades locales a través de los Municipios, y que se canaliza por medio de la Oficina Comunal de Emergencias y el Comité de Emergencia local (COE), que incorpora a diferentes actores, tanto públicos como privados.
Han existido experiencias, como la de la comuna de Lago Ranco en 2011, donde se realizó un adecuado trabajo anterior desde la Oficina de Emergencias y el COE, para dar respuesta a la erupción del Complejo Volcánico Cordón Caulle, plan que contemplaba desde los equipos de respuesta primaria hasta la administración de los recursos humanos y materiales del o los albergues.

En el caso de comunas como Chañaral, ha quedado a la vista la ausencia de un trabajo previo por parte de los entes comunales pertinentes, plasmado en el desconocimiento, comunitario, hasta el día de hoy, sobre los lugares de seguridad con los que cuenta, naturalmente aumentando la angustia de los cientos de vecinos que no encuentran amparo en sus frágiles redes de apoyo.

En el trabajo e interacción con los grupos humanos, es esencial entender que la problemática recibida del usuario, para él o ella es la más importante y queda sobre el resto, esto naturalmente aumenta en escenarios de desastre, lo que en consecuencia provoca un sentimiento denominado angustia. La angustia de cada individuo multiplicada por todos los involucrados, lleva al caos. Esto se agudiza con la presencia de actores gubernamentales, vale decir, Presidenta, Ministros, Intendente etc, en los que ven una salida a sus problemas y cuando estos no son capaces de dar respuestas satisfactorias aumentan aún más el menoscabo emocional de la situación.

Hace algunos días leí un titular, que recomendaba dejar exclusivamente a los equipos técnicos abordar la situación, y a partir de esto se asoman los dilemas que me gustaría compartir. ¿Ante la ocurrencia de un evento de esta naturaleza solo incumbe a los técnicos dar respuesta a la ciudadanía? ¿Corresponde responsabilizar a ONEMI en este caso? Con respecto a la Gestión del Riesgo de Desastres y los estragos en la ciudadanía ¿Son las negligencias de las unidades de mitigación locales las grandes responsables del lamentable escenario que presenciamos? Y en este mismo sentido ante la ausencia de un autocontrol comunitario ¿Es prudente y contribuye al momento, la presencia de la Presidenta de la República y su equipo en emergencias, desastres o catástrofes socio – naturales?

Juzgue usted.

Claudio Vargas M.
Licenciado en Trabajo Social, Universidad de Los Lagos.

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